Creer… de eso se trata esta historia

Confiar en la capacidad de cada uno como creador y empresario, confiar en tu marca, confiar en el sueño. Después del aprendizaje, Mistik es un ejemplo de eso. Breithner Cardona Escobar es un soñador que sintió las piedras en los pies y por eso ahora puede hablarnos del camino.
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Esta historia comenzó como quien no quiere la cosa. Empezó hace seis años, cuando Breithner Cardona Escobar pintó la primera virgen en el taller de un amigo. Cuenta que días antes vio al artista poner color a una de estas figuras sobre negro, lo que sin duda llamó su atención. Sin ser apasionado por el arte, pero sí muy católico, se dio a la tarea de aprender.

Por esos días, el estrés de su empleo lo llevó a una situación de salud delicada. Decidió renunciar y mientras esperaba la operación a la que debía someterse, los días se le fueron pintando.Comenzó a publicar en sus redes sociales personales y las piezas se vendían solas.

Se graduó como comunicador social y comenzó su búsqueda de empleo profesional, mientras tanto seguía pintando, publicando y vendiendo, otra vez como quien no quiere la cosa. Lo que pasó de ahí en adelante fue que pintaba cada día más, se adiestró en la técnica, ganaba reconocimiento y fue aceptando que se estaba enamorado de esta labor.

Llegaron los empleos en las oficinas de comunicaciones y la pintura volvió a ser eventual. Estaba en esas cuando llegó un libro a sus manos y fue suficiente para que retomara los colores, pero ahora de manera diferente, aprendió nuevas técnicas y creó un estilo propio. “Soy un amante de la naturaleza, entonces quería plasmar flores en los vestidos de mis vírgenes. Empecé a probar hasta que llegué a un estilo que me gustó”, describe el empresario uno de sus productos que hasta la fecha es líder en su marca Mistik, en el que pinta mantos diferentes y usa otros materiales como canutillos y brillos.

Paso a la creación consciente

“Cuando renuncié a mi último empleo, le pedía mucho a Dios que me mostrara el camino. Yo no tenía confianza en mí”. Se encontró con una amiga a la que le contó tímidamente que estaba pintando. Hizo un encargo y el compromiso era realizar la instalación. En ese momento creyó en lo que hacía. Ubicó su pieza al lado de una con el doble de altura, pero su obra resaltaba tanto que parecía del mismo porte. “Me di alas para seguir soñando y sacar cosas diferentes”, cuenta que en este punto la cosa sí se puso sería. Comenzó a frecuentar ferias, luchó con las ideas del miedo a la independencia y dio los primeros pasos como empresa.

Antonio Betancur es un buen amigo y ha sido un aliado estratégico que le ha dado apoyo y asesoría en diseño. Breithner llegó a De Mis Manos por un consejo de él. “No sabía a quién venderle. Cuando creé redes sociales de la marca me llené de pánico, comenzaron a pedir cositas y yo me demoraba mucho pintando una imagen porque no tenía la experiencia. Además, no conocía proveedores y me pedían unas cosas súper raras y sentía que estaba incumpliendo”, comenta Breithner sus motivaciones para comenzar la asesoría.

“Fue muy halagador porque para mí era un emprendimiento. Me dijeron: eres un nuevo empresario. Me sentí importante, que mis productos me estaban dando reconocimiento. Recibir esa apreciación fue muy gratificante”, recuerda.

En De Mis Manos comenzó asesoría en costos y diseño. Con conversaciones sobre pegamentos, tonos, colecciones, empaques, valorización del producto, retribución, nómina, tiempos de producción, ventas para lograr el equilibrio, siguió trabajando, cesó la búsqueda de empleo y eligió a Mistik como su proyecto de vida. Y llegó la pandemia. No se desesperó, buscó salidas y comenzó su plan de medios de manera decidida. “Pese a que nos encerraron todo el año, con los poquitos materiales que tenía, logré vender”, cuenta.

El empresario se organizó con De Mis Manos, cambió el logo y consolidó su imagen, aclaró sus finanzas y tiempos. “Creo colecciones, creo conscientemente, ya me enfoco en satisfacer necesidades y en vender experiencias”, añadió a la lista de aprendizajes.

Vende en las tiendas y por sus redes. “Mi producto no es industrializado. Lo quiero hacer completamente personalizado para que a cada hogar llegue con mucho amor”. Aunque reconoce que aprendió que debe ofrecer una línea de producción masiva que se venda a más bajo costo, detalla que tuvo éxito con un kit de gratitud que sacó a la venta en diciembre.

Primer consejo del empresario: “Crean en sus sueños. Insistan y persistan, luchen, pongan amor y déjense apasionar por todo lo que hagan”, creer en sí mismos es el primer mensaje. Segundo consejo: “Muestren sus ideas, déjense guiar por una entidad tan bonita y desinteresada como De Mis Manos”.

Un comentario

  1. Brei es un ser apasionado por su arte, coloca en cada una de sus obras todo su amor y eso se nota. Tener mi hogar decorada con sus obras es algo especial! me siento muy feliz de haberle conocido, momento que agradezco también a De mis Manos.

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